
Evidentemente, mi gusto por el black metal, y especialmente por esta banda, GORGOROTH, no surge principalmente de la lirica existente en el disco. Si he llegado a tener todos los álbumes de este algo oscuro aunque legendario grupo noruego, no es precisamente porque siento que en sus textos encontrare las palabras que me hagan dejar a un lado los libros (es más, esto es técnicamente imposible, ya que las letras no se incluyen en ninguno de los folletos que acompañan a los discos, y mi conocimiento de noruego no llega más allá de entender que “Satán” en ese idioma significa lo mismo que en ingles o en castellano.) Si a esto le añadimos el hecho de que las voces son absolutamente ininteligibles, poca duda queda de que no es el verbo de Infernus y compañía lo que me ha llevado a quemarme tan decididamente en sus llamas.
GORGOROTH es malevolencia musical al máximo. Si alguien dijo que ABRUPTUM era el “mal hecho música” (justamente en noruego, aunque esta frase, aviso, me fue traducida antes de yo entenderla), estaba equivocado. En general, el black metal por esencia debe ser una representación de lo oscuro, de lo rechazado, de lo peligroso, de lo dañino. El satanismo es parte de su ADN (por eso no hay nada mas ridículo que la existencia de bandas que supuestamente tocan black metal cristiano... que sigue? Punk Neo-nazi Judío? ). La rebelión en contra de las deidades impuestas a los escandinavos por el Pulpo Romano manifestada en exagerada vituperación en contra del catolicismo y sus iconos y la adoración a los dioses mitológicos propios como Odin es elemento configurador, primordial del género. Y GORGOROTH es el ejemplo más acabado, en mi juicio. Fuera de las ensoñaciones avant-garde de BURZUM, del ruido maquinista y excesivo de MARDUK, del rustico oscurantismo de DARKTHRONE, de los ensueños progresivos de ENSLAVED o de la ostentación grandilocuente de EMPEROR, la banda de Infernus une todos los ingredientes necesarios sin inclinarse por favorecer a ninguno: tiene riffs melódicos y atmosféricos, tiene momentos de brillante musicalidad, tiene instantes –no pocos- de lacerante violencia, pero todo en dosis exactas, sin jamás comprometer el gusto a total maldad, el sabor a azufre quemado y negro que la música siempre evoca.
Por qué razón me gusta tanto la música de GORGOROTH? Por qué he llegado a tener todas sus obras, (entre las cuales el no-fanático del black metal tendrá serios problemas en diferenciar?) Seguramente porque conecta con un lado de mi personalidad que es tan mío como aquel que se enternece con ciertas melodías de DREAM THEATER o que se llena de irónica paz con la Gran Música de Johann Sebastian Bach. Porque muy dentro de mi también hay un ser que camina en bosques grises y llenos de neblina, queriendo llegar a cimas de montanas oscuras y vacías de arboles. Porque hay una sed de poder que infantilmente se sacia experimentando el placer de oír lo que no se debe oír, de escuchar lo que a otros asusta. Porque la iconografía llena de maldad del Ángel Caído representa el monstruo individualista, narcisista y ególatra que reposa muy dentro de mí. Porque la catarsis más adecuada – más segura, menos riesgosa - para una vida más bien pacifica (o quizás tímida) es a través de la música, dejando las malas vibraciones rugir dentro de la sangre mientras otros seres lo expulsan todo a través de sus instrumentos y gargantas…
… Quizás ellos tienen algo de mí. Pero a la inversa. Lo dejan salir en los momentos en los que se calman y escriben hermosas melodías. Y de una u otra forma, el arte nos une, por unos instantes.
Pero a quienes gusten del black metal, no puedo sino invitar una vez más al Valhalla. Sé que ustedes, como yo, elegimos en esta ocasión apreciar nuestra música por las razones más incorrectas posibles.





